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sábado, 25 de diciembre de 2010

Dudando intensamente

A veces llega un momento en que quisieras que el tiempo se detenga
mientras toda tu vida va pasando como una película por tu mente
cada palabra, cada sonrisa, cada lágrima, cada día, cada amanecer,
cada abrazo, cada paso, son sólo piezas perdidas de un rompecabezas desarmado:
y eso es tu vida.

¿Qué sigue? ¿Qué más? ¿Porque el corazón sigue latiendo?
¿A que se aferra dentro del pecho?
Siento que quisieras detener el tiempo con las manos, detener a todos,
¡Alto! Gritar y caminar hacia atrás, volver
Tal vez así podría rescatar lo que perdí, podría intentar
¿Qué diría si la viera otra vez ese día?
¿Qué haría? ¿Le advertiría? ¿Serviría de algo?

Pero ¿Sabes? No puedo detener el tiempo y desde ese día tengo miedo
y cuido cada palabra, cada mirada, cada sonrisa para armar bien mi vida.
No quiero perder nada de lo que tengo y a pesar de todo me repito a cada instante
Que sé que todo lo que tengo, en realidad no es mío y nunca lo perderé por eso,
y me siento vacío, lleno de oscuridad, lleno de angustia, lleno de dolor.

Perdí, se rompieron dentro de mí la calma, la seguridad y la esperanza,
todo se derrumbó y los escombros de todo lo que esperaba de ti me atraparon aún más.
Nos engañaste, nos vendiste y aunque quiero decir que no es tu culpa,
aunque quiera defenderte se que parte de la decisión fue tuya y eres responsable por eso
¿Porque? ¿Porque?
¿Porque no valoraste todo lo que hicimos? ¿QUE MÁS QUERÍAS?
¿POR QUE NOS HICISTE SENTIR QUE TODO LO QUE HICIMOS NO SIRVIÓ?

¿Sabes? A veces yo también odio este mundo, me gustaría tomar un arma,
y asesinar a las personas que destruyen lo que intento construir, pero ahora tú eres una de ellos
¿Porque tengo que luchar contra mis hermanos? TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS
Maldita sea, Por eso me pregunto
¿QUIEN CARAJOS SE DIO EL TRABAJO DE DESTRUIR EN TI LO QUE ESTABAMOS CONSTRUYENDO?
¿Quién? ¿Porqué? ¿Quién nos odia así?
Yo, yo... Dios, Tú sabes lo que quiero lograr.

¿No fue suficiente lo que hicimos?
¿Quién soy yo para juzgarte?
¿Cuánto significó para ti lo que hicimos?
¿Por qué no puedo encontrar respuestas?

Sólo sé que alguien, un día te enseño a destruir las esperanzas de los demás,
y aprendiste muy bien, nosotros fuimos tu prueba final, tu tesis,
y ese, o sea que te enseño, sea quien sea, voy a tenerlo un día ante mi
y voy a demostrarle que NOSOTROS, nosotros somos... somos...¿Qué somos ahora?
¡Rayos! todavía siento esta necesidad de hablar contigo, de aconsejarte,
de escucharte y sorprenderme ¿Qué éramos? Maldita sea
¿Sentías lo mismo que nosotros? Ya no sé desde cuando nos engañaste.
Quiero creer en ti.

Pero sólo puedo creer en mí, y aún siento ganas de volver, aunque no pueda.
No, no puedo cambiar el pasado y a veces me pregunto por el futuro y tengo miedo de lo que pueda pasarte.
Aún siento esta responsabilidad ¿Estoy atado? ¿Porque significaste tanto?
¿Debería detenerme o seguir esto que siento? ¿Te busco o me quedo? ¿Confío o te olvido?
Todavía siento que te quiero pero sé que si estuvieras aquí
me dirías que es estúpido escribir todo lo que te digo y lo que no te dije,
y yo diría que esta es mi forma de hacer las cosas, lo mejor de mí,
aunque no sea lo que necesites, aunque no sea lo que quieres.

Y no me importa,
Aunque me encuentre vencido, llorando y perdido todavía quiero creer,
Si mi corazón late, si se aferra ¿Por qué yo no? Maldita sea ¡YO SI CREO!,
Y sé que el tiempo me va a demostrar que estoy en lo cierto,
Esta es mi forma de hacer las cosas, al menos así no lastimo a quienes confían en mí,
¡YA NO QUIERO ESTAR CONFUNDIDO! ¡Sólo puedo estar seguro de lo que yo decido!

Y decido creer en mí… porque es lo correcto, porque así construyo el mundo que quiero construir.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Salvación Parte 4

Sábado 07 ¡Tormenta del destino!

Por fin he llegado (y pude estirar las piernas después de tres días viajando). No puedo decir que es un día hermoso, tengo miedo y esta ciudad es tan grande. No sé adonde ir, sólo tengo esta dirección…

Fue un día papá se había ido a trabajar temprano y faltó dinero para comprar detergente, entré a su cuarto y al jalar el cajón de la mesita de noche, cayeron 5 cartas al suelo por un agujero que las polillas habían tardado años en hacer, 5 cartas ocultas que nunca me había mostrado y que tenía escondidas ahí sin pensar en los demás, 5 cartas que, desde ese día, destruyeron toda la historia: eran de mamá.

“…Estar lejos de mi hija es el precio que debo pagar por ser libre de ti ¿verdad? Eso no te lo voy a perdonar, me voy porque necesito empezar una nueva vida pero te juro que volveré por ella. Voy a trabajar y cuando pueda volveré por ella y sólo por eso volveré a verte algún día…”

“…Hola hija, espero que tu papá te entregué esta carta o que de algún modo llegué hasta ti, estos han sido meses muy difíciles para mi, no sabes lo complicado que es estar en la capital y no conocer a nadie… y volveré un día, feliz cumpleaños amor, perdóname por no estar a tu lado…”

“…y el médico ha dicho que si puedo curarme pero tengo que seguir un tratamiento…y tú ¿Cómo estás hija? ¿Cómo va el colegio?… ¿Ya tienes 9 años verdad? ¡Debes estar muy grande!… Te envío algunas fotos y disculpa que nunca ponga mi dirección pero no quiero que tu papá me encuentre… te prometo que volveré…”

“…tuve miedo pero parece todo salió bien, así que estoy juntando dinero otra vez…estoy contando los días para ir, no ha sido fácil pero aquí hay mucha gente dispuesta a ayudar y trabajando duro lo he logrado ¡Tengo mi negocito y voy pa ‘delante!…”

“…discúlpame por no ir pero no me esperaba esta recaída, no sé que voy a hacer, ya se acabo el dinero y tengo un poco de miedo, no te preocupes, no digo que estoy asustada, confío en que voy a salir de esta pero no me gusta tener que postergar cada vez más nuestro encuentro…Ya tienes 12 años…perdóname por favor…nunca me imaginé todo esto, sólo salí huyendo con miedo, sin detenerme a pensar en ti y te dejé ahí…a veces quisiera retroceder el tiempo a ese momento, cuando te abracé, yo quería traerte pero ¿Qué hubiera hecho contigo? Si ni siquiera saber que iba a hacer conmigo…no sé si fue un error dejarte…y ahora estoy aquí, atrapada y extrañándote…”

No podía creerlo… No podía controlar mi llanto.

“Tú me mentiste o fui yo la que se mintió, sé que fue un error pero tú crees, por eso, que tienes derecho a destrozar mi vida y no voy a permitirlo. Por mi y el ejemplo que le quiero dar a mi hija me voy para empezar una nueva vida, me voy con todo el dolor de esta separación y la esperanza de un mañana mejor. Estar lejos de mi hija es el precio…”

“Nunca creí que podría odiar a alguien pero entiendo que esto también es mi culpa, me odio a mi misma por ser tan débil ante ti, por no haber hecho caso a los demás, por vivir esperando un cambio que debí realizar yo misma”

Me sentí completamente destruida frente a esas cartas, mi corazón estaba manchado con la ira y la rabia que había sentido contra ella y no podía ocultarlo ¿Cómo le pediría perdón ahora? ¿Dónde la encontraría? ¿Aún vivía?

Abracé las cartas a mi pecho y lloré sobre la cama culpándome por haberla odiado tanto sin siquiera saber lo que ella había vivido ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me habían mentido así? ¿Por qué me odiaban tanto?

-¿Por que? ¿Por que?- le grité a papá cuando llegó -¡Eres un maldito! ¡Eres una basura!- mientras él permanecía tranquilo frente a mí con la misma mirada indiferente de siempre.

-¡Di algo! ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué me separaste de mamá? ¿Por qué nos hiciste esto? ¡Contestame! ¿Por qué siempre me has odiado?-le grité, tirándole las cartas a la cara -¡Mira, mira lo que encontré! ¡Ella si me quería! ¿Por qué me hiciste vivir esta mentira? ¿Por qué nos ocultaste esto? ¿Por que? ¿Por que? ¡Di algo maldita sea!

-¡Cállate! – Gritó derribándome de una cachetada -¡Cállate! ¿Qué eres tú para reclamarme algo? ¿Qué eres? – Dijo mientras se agachaba a mirarme con un gesto de burla – Tú sólo eres una mujer, eres nada ¿sabes? , tu madre se fue porque era una engreída, una estúpida que creía que podía ganarse el cielo ¡Yo también me decepcioné de ella! ¿Crees que me quedé feliz con el paquete que me dejó? ¿No te has dado cuenta verdad? Qué estúpida eres ¿Ves que tú nos arruinaste la vida? Si tú no hubieras existido ¡Ni ella, ni yo hubiéramos pasado por esto! yo sólo quería un hijo varón, sólo eso.

Se levantó y mientras se alejaba contuve mis puños contra el suelo, mordí mi dolor y me lo tragué entre lágrimas porque yo sólo quería saber algo.

-¿Sabes donde está mamá verdad? - él volteó y coronó su rostro con una sonrisa.

-¿Por qué te lo diría?-

- Quiero irme con ella, ya no quiero causarte más problema, lo mejor es que me vaya con ella, por favor-

-¿Así que quieres irte con ella?- dijo, sonriendo aún más, mirándome diferente mientras venía hacia mi– Me parece bien, pero a cambio de eso quiero que me permitas darte todo el amor que jamás te he dado-

-¿Ahhh?-

Se acercó y me abrazó tan tiernamente como nunca lo había hecho, me refugió entre sus brazos y sentí como si se estuviera despidiendo de mí, como si en algún momento de nuestra vida, de verdad, me hubiera querido, como si le doliera alejarse ahora que yo sabía la verdad. Sentí que me amaba pero luego sus intenciones se revelaron completamente.

-Hija,- dijo abrazándome más fuerte- déjame amarte como nunca nadie va a hacerlo.

No puedo describir lo que sentí en ese momento, fue un miedo que cayó dentro de mí como una montaña de hielo, mi mente se desconectó del cuerpo, mi razón se perdió, mi entendimiento se nubló, me quedé inmóvil mientras él empezaba a besarme la frente. Toda mi rabia, mi rencor y mi furia habían sido aplastadas por ese miedo, mi conciencia estaba escondida y temerosa en algún lugar mientras él acariciaba mis brazos y sus labios se acercaban por mi rostro buscando los míos. Me sentí atrapada, acorralada e indefensa como un ave agonizante frente a una serpiente.

-Déjame quererte y enseñarte esta noche el verdadero amor para que nunca me olvides-

-¿Papá?- le pregunté llena de terror mientras una lágrima se escapaba de mis ojos buscando la libertad que se había perdido en algún lugar del pasado- ¿papá?- volví a preguntar, intentando recuperar a la persona que nunca hizo algo bueno por mi, pero que tampoco me dañaba tanto, rogándole a Dios que me devuelva a ese señor al que yo le escondía regalos en el día del padre, a esa persona capaz de detenerse ante mi y lastimarme lo menos posible, porque aún así… yo lo quería… él era mi padre.

-No te preocupes hijita, todo está bien, todo está muy bien-

Y cada movimiento, cada contacto, cada roce de sus labios y de sus manos se marcaba como fuego sobre mi piel, como una huella de horror sobre mi alma, como una mancha oscura que estaba creciendo sobre mí sin saber como detenerla. Por favor, había una voz interior dentro de mí gritando desesperadamente, un terremoto de emociones que no podía controlar, pero mis labios no se movían y poco a poco esa voluntad de intentar salvarme fue cayendo hacia la oscuridad.

-Ven, vamos al cuarto- dijo mientras me hacía avanzar y cada paso iba devolviéndome la fuerza y la conciencia que había perdido hasta llegar a la puerta.

-No- susurré sin pensar, como un acto instintivo, un intento de supervivencia.

-No- repetí mirándole a los ojos mientras empezaba a agitarse mi respiración y mi corazón se llenaba nuevamente con la luz de la voluntad.

-¡Noooo!- grité empujándolo con todas mis fuerzas, liberando toda mi rabia y mi llanto. Cogí un portarretratos y se lo arrojé al rostro.

-¡Estúpida!- me respondió entre risas, caminando hacia mí, derribando todo lo que encontraba a su paso mientras yo buscaba una forma de escapar.

-Papá cálmate por favor, razona las cosas- supliqué alejándome.

-¡Di lo que quieras! ¡Intenta cuanto puedas! ¡Esta noche yo ya la decidí! ¡Yo soy el cazador! ¡Tú eres mi presa!– gritó abalanzándose sobre mi otra vez.

-Por favor papá- supliqué nuevamente– ¡No hagas esto! – y tropecé cayendo al lado de la mesa mientras él se colocaba sobre mi cogiéndome de los brazos. Me miró y sonrió.

-Si no te quedas quietecita voy a tener que lastimarte, será mejor que hagas esto por las buenas ¿O quieres terminar sangrando? Dime amor- preguntó suavemente antes de gritar-¿Quieres terminar sangrando?

-No- le respondí moviendo la cabeza mientras me soltaba.

-Entonces vamos a divertirnos sin problemas- dijo mientras abría los botones de mi blusa y comenzaba a acariciarme.

No había forma de detenerlo, yo quería quitar sus manos con las mías pero no tenía fuerza suficiente y él estaba prácticamente sentado sobre mi, desnudándome, tocándome, manchándome mientras yo deseaba que todo fuera una pesadilla, una horrible pesadilla de la que despertaría en cualquier momento.

-¿En que estás pensando?- gritó dándome una cachetada y acercó su rostro al mío -¡Mírame cuando te hablo! Quiero que me mires ¿entendido?

Ya no sabía que hacer, lo miré y detrás de él estaba la última esperanza, al borde la mesa, sobre el mantel estaba el florero de mi abuela, sólo tenía que distraerlo un poco, sólo un poco más.

-Está bien papá, tú ganas- respondí, mientras él volvía a entretenerse con mi cuerpo.

Cogí el mantel y lo jalé calculando su cabeza, pero al ceder, el jarrón se volteó y giró sobre el borde cayendo y destrozándose a un lado de mí. Él se detuvo, se levantó, me miró y se abalanzó sobre mi cuello apretándolo con todas sus fuerzas.

-¡Maldita sea! ¿Cuántas veces vas a luchar? ¿Por qué no te rindes de una maldita vez?- gritó lleno de furia mientras yo intentaba detenerlo con mis últimas fuerzas -¡Mierda! ¿Por qué no te rindes?

¿Por que? ¿Por que? Sonaban sus palabras y dentro de mí también, mientras perdía las fuerzas en intentar respirar, tratando de capturar algo de vida del ambiente, arañando a la suerte que me había dado la espalda, esquivando a la muerte porque yo quería vivir pero…

Estaba en el lugar donde todos me habían abandonado, desnuda frente a un hombre que intentaba violarme o matarme: mi padre y me pregunté en ese momento ¿Por qué vivir? ¿Para que? ¿Qué hay en el futuro para mí después de esto? Finalmente comprendí que estaba sola, una vez más, otra vez estaba sola y abandonada frente a un destino aterrador contra el que no podía luchar, era eso o la muerte… y yo decidí morir, huir, escapar, salir de cualquier forma y entendí en ese momento porque huiste mamá.

Ya no tenía más lágrimas para llorar, ya no tenía más fuerzas para luchar, ya no tenía más ganas de vivir y el único dolor que sentía era la impotencia de saber que no podría pedirle perdón a mamá. Me quedaría en ese momento para siempre, cogiendo las manos de mi asesino hasta cegar la luz de mis ojos y esperaría en algún lugar oscuro, nuevamente perdida hasta verte mamá, por favor encuéntrame y perdóname. Lo siento, no tuve tu fuerza.

Pero él se detuvo, su intención era otra.

-Suficiente -dijo cuando me vio rendida, sin más fuerzas –no quiero matarte, ni siquiera desmayarte, sólo quiero que estés tranquila, que no vuelvas a intentar otra estupidez y que estés consciente de lo todo lo que voy a hacerte para que lo disfrutes tanto como yo.

Recuperé la vida con un respiro profundo pero casi no podía moverme y sentía mi garganta toda destruida. Me cargó hasta su cuarto, me tiró sobre la cama y comenzó a desnudarse mientras yo intentaba cubrirme y enredarme entre las sábanas.

-Aquí está,- dijo burlonamente, mostrándome la billetera- aquí guardo la dirección de tu madre en la capital –la tiró al suelo y terminó diciendo- Mañana temprano, cuando te levantes, puedes irte a buscarla y quiero que le cuentes todo sobre esta noche, cuéntale con lujo de detalles todo lo que voy a hacerte. Seguro que le va a gustar escucharlo. Para eso y sólo para eso voy a dejar que te vayas, para que le cuentes.

Subió a la cama y al verme enredada entre las sábanas sonrió.

-¿Qué haces ahora? ¿Has envuelto mi regalito?- preguntó cariñosamente mientras me descubría entre besos y caricias que no podía rechazar. Era un hermoso juego para él, desnudarme lentamente con sus labios y revelar ante sus ojos mi intimidad sin saber que yo ocultaba en la mano derecha, escondida debajo de las sábanas, el alfiler de mi insignia.

-Déjame besar tus manos- dijo y lo clavé en su rostro con todas las pocas fuerzas que aún sobrevivían dentro de mí. Salí corriendo y tropezando del cuarto mientras su grito llenaba toda la casa e intenté llegar a la cocina cuando me alcanzó y me abrazó bruscamente por atrás. No hubo tiempo de nada, escuché el ruido de un golpe y sentí mientras él iba perdía fuerza hasta caer al suelo. Me quedé inmóvil, llena de pánico, sin saber como reaccionar, sin saber si todo había terminado, sin intentar voltear para ver lo que había sucedido hasta que alguien apareció.

-¡Reacciona, reacciona!- decía una voz, intentando hacerme volver a la realidad, alguien me estaba llamando desde la realidad y yo…

-¿mamá?- pregunté sin saber… era un deseo desde lo más hondo de mi alma, quería un milagro… pero me di cuenta que era un hombre que preguntaba algo mirando a mis ojos, tomó mis hombros e intentó abrazarme. Reaccioné.

-¡Maldito!- grité apartándolo de mí, corrí cayéndome hacia la cocina y empecé a rebuscar entre los cajones botando todas las cosas al suelo mientras la desesperación iba oscureciendo mi mente. Él entró, se detuvo en la puerta y levantó las manos.

-¡No te me acerques! ¡No te me acerques!- le grité inmediatamente mirando fijamente sus ojos -¡No te acerques o te mato! ¡Te mato!

En ese momento mi mente se aclaró un poco más, uno a uno los recuerdos llenaron otra vez mi mente como un diluvio de dolor, me di cuenta que estaba casi desnuda ante él y sujetaba un brillante cuchillo que temblaba entre mis manos. Había desordenado todas las cosas de la cocina y las ollas de comida estaban por el suelo.

-Tranquila, ya pasó todo, por favor confía en mí, suelta ese cuchillo- dijo él.

Era Aleks, era él. No podía creer que me había visto así, no sabía como contener la vergüenza, no podía detener el tiempo, no podía hacer nada. Retrocedí temerosa, ocultándome de su mirada, tanteando mis pasos hacia atrás sin dejar de mirarlo, intentando cubrirme de algún modo porque tenía el alma y el cuerpo desnudos, quería abrazarme a mi misma pero también tenía miedo del cuchillo ¡Y no iba a soltarlo! ¡No! ¡Nunca! Sólo podía quedarme así, esperando un milagro nuevamente, uno que seguiría esperando para siempre aún sabiendo que nunca sería realidad y pensé…

¿Para que vivir así? ¿Cuál es mi destino? ¿Así es la vida? ¿Por qué llevo esta cruz? ¿Por qué es tan grande? ¿En quien puedo confiar ahora? ¿Quién entiende lo que he vivido? ¿Por qué a mí? ¿Qué hice? ¿Por qué me han lastimado tanto? ¿Por qué no puedo tener lo mismo que los demás? ¿Por qué debo sufrir tanto? ¿No entiende Dios que ya estoy cansada de esta vida? ¿Por qué tanto dolor para mi? ¿Qué mal he hecho? ¿Por qué se fueron? ¿Por qué nadie piensa en lo que siento? ¿Por qué no se detienen a pensar en mi dolor? ¡Yo no quería compasión! ¡Yo sólo quería vivir! ¡Yo quería ser feliz! ¿Qué hay de malo en ese deseo? ¿Por qué las estrellas se olvidaron de mis deseos? ¿Por qué? ¿Por qué? Dios ¿Tú también me olvidaste? ¿Por qué todos siguieron a mamá en su camino?

-¡Perdóname!- me suplique dirigiendo el cuchillo hacia mí y sonreí- sólo quiero descansar un poco de esta vida.

Entonces Karen apareció en la puerta, verla me calmó un poco pero no borré la sonrisa, avanzó temblando en silencio hasta mí y puso sus manos sobre las mías.

-Por favor no lo hagas, no me dejes sola, no me abandones - suplicó entre lágrimas sin que yo pudiera responder algo y me vi a misma diciendo las palabras que le hubiera dicho a mamá para que no se vaya. Era yo de niña jalando el vestido de mamá para que no se vaya, estaba abrazando mi propia vida y en esos ojos estaban los míos nuevamente llenos de esperanza, aguardando una respuesta, mirando a la puerta. Karen había abierto una puerta para que yo vuelva, para que me de a mi misma ese abrazo que tanto había soñado. Era yo suplicándome por una nueva oportunidad de vivir, un nuevo intento… No podía abandonar a mi amiga como mamá lo había hecho conmigo… pero no podía borrar el pasado, mi alma estaba manchada de dolor, de asco, de vergüenza, de olvido y no había suficiente luz dentro de mí.

-¡Cállate!- le grite suplicando, sabiendo que no podía controlarme– ¡No quiero lastimarte! ¡No te me acerques! ¡Vete por favor!- mientras dirigía el cuchillo hacia ella amenazando.

Ella no podía contener su llanto, la esperanza brillaba en sus ojos como una estrella, dibujó una sonrisa entre lágrimas, suspiró y avanzó nuevamente contra mi destrozando entre sus pasos mi amenaza, desgarrando con el vacio de su silencio mis gritos, extendió los brazos acallando la furia que inundaba mi alma, iluminó con su esperanza el abismo donde había caído mi mente, silenció con su sonrisa la tempestad que arrastraba mi corazón y luchando contra los demonios que querían hacerme daño me contuvo entre sus brazos con todas las fuerzas que tenía cubriéndome, como un ángel salvador que me protegía de la destrucción debajo de sus alas.

Perdí el conocimiento pero aún recuerdo que miré el cuchillo manchado de sangre temblando sobre mis manos y vi en su reflejo brillante la imagen del rostro de Karen: Mi ángel, mi salvador, mi amiga.

Salvación Parte 3

Viernes 06 ¡Valórate a ti misma!

Hoy fue un día hermoso, desperté y sobre mi hombro reposaba en profundo sueño un chico muy guapo ¿Cómo lo sé? usé mi espejo para ver su rostro, de verdad era hermoso y se veía muy exhausto, sonreí y no sabía cómo salirme de esa situación, no me atrevía a despertarlo y no es que me incomodara pero no sé... sólo levanté un poquito mi hombro para que despertara, me miró con su cara somnolienta y cuando se sorprendió no pude evitar la risa mientras se ponía rojo... fue muy divertido, luego sonrió y me acompañó con su risa.

-Lo siento -dijo, y yo sonreía mirándolo de reojo, ahora la nerviosa era yJ.

Pasaron muchos años así y el dolor se fue perdiendo en el olvido, aparecieron nuevas personas en mi vida y cada día fue diferente, nunca llegué a la perfección pero bueno, con el tiempo acepté el rechazo que papá sentía por mi y aprendí a llevar la fiesta en paz.

Mis 15 años fue hermoso. Me sentí tan querida, como si todo el dolor que había sentido estuviera lejano, casi olvidado en algún rincón empolvado del pasado. Me perdí esa noche entre sonrisas, abrazos y buenos deseos de las personas que me conocían y me apreciaban de verdad. Bailé con mis amigos, con mis profesores y con mi querida abue Geno. Fue una noche inolvidable, tendría que contar otra historia para explicarles todo lo que pasó desde el momento que planearon la fiesta hasta el día siguiente: Los secretos de Karen, el plan de Clarissa, el rechazo de papá, la guerra del vestido, el peinado y el maquillaje, los nervios, el discurso de “abue Geno”, mis 15 deseos y esa esperanza mamá… que tuve toda la noche mirando hacia la puerta… esperándote. No sé porque tuve que recordarte esa noche.

Dos meses después, una tarde gris, nos dejó mi abue, se fue triste pidiéndole a papá que fuera más humano con las personas que lo rodean, conmigo, con su hija.

-¡Abre tu corazón!-le dijo, mientras él la miraba impasible.

-¡Lucha hija, vive!- me dijo a mi –las personas como tú merecen ser felices, perdona a tus padres, no pierdas esa sonrisa, no dejes nunca de aprender, te quiero.

Lloré nuevamente, abrazando el dolor que atravesaba mi alma, conocí lo que es la muerte, me sentí sola y volvieron todos mis miedos. Esa noche lloré en silencio otra vez aunque estaba, de algún modo, feliz de poder saber adonde había ido, ella aún me cuidaba.

-Lo prometo,- le dije a la noche, al silencio, al dolor, a la amargura y a la soledad –lo prometo abue, yo voy a luchar.

Y cada día, a pesar de la tristeza que me embargaba, yo intentaba superarlo todo: levantarme temprano, hacer el desayuno, alistar las cosas, ir a estudiar, regresar a casa, almorzar, limpiar un poco, volver al colegio, atender a papá, cenar, ver televisión o estudiar, pedir permiso para alguna fiesta, salir, divertirme y regresar siempre al mismo lugar donde la única persona que me quería era yo… y sonreír sin saber que esperar exactamente del futuro.

Y así el tiempo se convirtió en una pelea, una lucha contra la soledad del hogar, contra la indiferencia de papá, contra las nuevas responsabilidades, contra el tiempo que ahora era menos para todo lo que tenía que hacer. Sin embargo me acostumbré rápido y me sentí más fuerte, más capaz de encarar al mundo, me preparé sin saberlo para los días que venían sobre mí como una tormenta del destino.

Pasaron tantas cosas a partir de eso, papá comenzó a descuidarse, se dedicó a tomar, la situación con él volvió a ser tensa y casi podía adivinar que lo botarían del trabajo, pero fue peor. Se peleó con sus compañeros de trabajo, lo golpearon y al final no le pagaron nada. Tuve que cuidarlo hasta que se recuperara.

-Puedo solo con esto- me dijo cuando ya estaba bien, –no te necesito- se levantó y salió a buscar otro trabajo.

Aunque quizás suene extraño me gustó esa actitud de él, ese día creí que si era capaz de preocuparse, a su modo, de esa manera tan fría y lejana, en esas palabras me dijo que era un luchador y bueno, también dijo que yo era un estorbo para él.

No volvió a tomar luego de eso y vi esa actitud, tal vez, como el inicio del perdón, podíamos llevar la fiesta en paz desde ahora, quizás esa era su forma de querer.

En el colegio todo iba bien, mantuve mis notas aunque los cursos en secundaria siempre son más pesados, y lo único que me incomodaba un poco era el hecho de que todas nuestras amigas tenían o habían tenido un enamorado y Karen y yo aún no. Nos molestaban por eso diciendo que éramos lesbianas o algo así y me llegaba. Yo estaba bien como estaba y no necesitaba más problemas ;-P

En esos días algo grises apareció un nuevo amigo, un nuevo ángel. Mi profesor de literatura: Aleks, un extrañJ y divertidJ pJeta muy guapJ y encantadJr, un tipo alegre que me ayudó a extender mis alas y buscar nuevos caminos.

Salvación Parte 2

Jueves 05 ¡Aprende otra vez a sonreír!

Hoy es el segundo día, brilla el sol otra vez y todo el ambiente es tan nítido. Me quedé sentada un rato en la estación, observando el amanecer mientras esperaba la llegada del tren, mirando como la gente de todos lados viene y va, pensando en como cada uno tiene una familia y sueños que perseguir para ellos. Vi muchos niños que iban temprano a la escuela con sus madres. De pronto, uno de ellos dejó caer una pelota que rodó hasta mi, se acercó y cuando me saludó sonreí sin siquiera pensarlo, fue hermoso porque él también sonrió. La vida se teje en muchas direcciones pensé, cada día vamos a tantos lugares, de tantas formas pero ¿Para qué? ¿Adonde vamos? ¿Tiene un fin todo esto? ¿Adonde estoy yendo yo? ¿Donde terminará este camino? ¿Qué buscamos en cada camino de nuestra vida? ¿Te encontraré?

Te contaré a solas algún día los sentimientos que guardé en mi el día que cumplí ocho años, el vacío que sentí en cada cumpleaños cuando todos pretendían ser felices y el ambiente se ponía “alegre”, espero que imagines el deseo que le pedía a Dios cada vez que soplaba esas velas y las ganas que tenía de verte llegar, de vete entrar por esa puerta con alguna sorpresa o sin ella, sólo quería verte… ese vacío que con el tiempo y el contar de cada día de ausencia se lleno de resentimiento, de dolor… y aquello, que debía ser olvido, se empozaba cada vez más en mi alma como una noche que iba creciendo dentro de mi ¿Por qué te fuiste mamá? ¿Por qué permitiste que fuera yo la última persona que te viera? ¿Por qué me abrazaste así ese día? ¿Tanto me odiabas?

Yo me fui alejando de todos también, no conversaba con nadie en la escuela y mis notas bajaron. Papá sólo sabía gritarme y pegarme y me fui acostumbrando a ese dolor y a sus reclamos, tanto que casi podía predecir sus palabras cuando decía que todo era mi culpa… que no valía nada… y varias veces amenazó diciendo que también me dejaría sola y se iría lejos. Ese miedo hizo que yo volviera a estudiar… ese miedo me mantuvo consciente e hizo que algunas veces me olvidara de ti, ese miedo me encerraba de algún modo porque yo quería abrazarlo pero… ¿Si se cansaba de mi? ¿Si se iba? ¿Por qué todos se alejaban de mí? Y me quedaba sola en la seguridad de que si no lo molestaba él me querría un poquito, aunque sea un poquito, aunque yo no valiera nada, él si me quería porque permanecía ahí, soportándome.

Pero Dios se acordó de mí y en el camino me envió dos ángeles.

El primero fue una niña, mi gran amiga Karen, la persona más terca y luchadora que he conocido, la pequeña niña con la que peleé por primera vez en el colegio.

Me encanta recordar ese episodio, fue cuando tenía 10 años. Ella era una de las “nuevas” del salón y no soportaba su actitud de líder, esa voluntad para intentar todo y su capacidad de soñar y desear algo mejor siempre, y para colmo la sentaron a mi lado. Así que durante el examen cogí su lápiz, lo tiré por la ventana con todas mis fuerzas y sonreí frente a ella con una mirada burlona olvidando un pequeño detalle: Ella no sabía que yo era la pobre niña abandonada y no tenía motivos para tener compasión alguna de mí.

Antes que pueda darme cuenta, ya estábamos jalándonos de los pelos y pateándonos en el suelo. Me enojé como nunca y la golpeé con todas mis fuerzas y ella no se quedó atrás. ¡Con decirles que la más lastimada fue la profesora que trató de separarnos!

Luego de eso, cuando estábamos afuera de la dirección, con las greñas desordenadas y todas magulladas, comencé a molestarle diciéndole que era una cobarde, que seguro llamaría a su mamita para esconderse y ponerse a llorar, le dije que su mamá también era una miedosa. Ella se acercó lentamente y me tiró una cachetada que hasta hoy recuerdo. Recién en ese momento la vi llorar, mientras decía que su mamá era valiente y que no vendría porque estaba en el cielo. Yo no sabía que decir… una nueva culpa llenaba mi corazón, fue la primera vez que sentí ganas de consolar el dolor de alguien, olvidando mi propio dolor.

Creo que desde ese día no hubo ocasión en que no quisiera compartir algo con ella, hice de todo para que me perdonara y así se convirtió en mi ejemplo, en mi amiga. Poco a poco me enseño a soñar otra vez, a esperar algo bonito del día siguiente, a correr por los pasillos, a jugar y asonreír, y yo, gracias a ella, mamá, me fui olvidando del dolor que me causaste.

El segundo ángel fue mi tía: “la abue Geno”, que se llamaba Genoveva, mi segunda madre, la hermana de papá.

Ella no permitió que la casa se derrumbara después de que te fuiste, siempre se preocupaba de ver todo de mí, cuidaba a papá y lo quería aunque él fuera como es, perdonándole siempre todo. Ella me daba los abrazos que tú no me dabas, me enseño lo que tú no me enseñaste como mujer y me educó con su sonrisa y su voz de viejita chistosa, siempre paciente, dedicada y graciosa como un ángel.

-Ay niña ¿Qué haces?- me decía cada vez que tenía algo que enseñarme y yo escuchaba.

Así conquistaron mi corazón y germinó la esperanza en algún rinconcito, Dios llegó a salvarme del dolor y me acercó dos personas que me devolvieron la sonrisa, los sueños, la esperanza y la fe.

Llegó el tren, ¿Llegaré al final de mi camino?

Salvación Parte 1

La vida se revela ante nuestros ojos de tantas y distintas maneras que es difícil a veces adivinar, deducir o entender el significado real de todo lo que nos enfrenta en un día, en una hora, en un suceso. En una búsqueda tan extensa y con un tiempo tan corto ¿Cómo no perderse? ¿Quién nos encuentra? ¿Quién nos salva?

SALVACION

El sol salta de brillo a través de mis dedos, es esa luz que viaja desde tan lejos, desde el universo, desde la oscuridad... atravesando suavemente el cielo, el mar y encendiendo todo lo visible viene a reposar sobre nuestras vidas, en nuestros rostros, cómo el calor de un profundo abrazo lleno de vida, como el recuerdo de un tierno amor lejano que no se desvanece y se busca intensamente, aún en medio de la luz del día, aún en un agitado mar de personas, aún perdida en una ciudad desconocida y en un intento de olvidar el pasado para iniciar una vida... nueva.

Miércoles 04 ¡Por fin inició el viaje!

Hoy desperté sonriendo con una lágrima dormida en mis ojos e intenté, intenté pero no pude recordar lo que había soñado. Sentí mi corazón agitado, como si estuviera atrapado, como si le faltara libertad, así que me abracé a mi misma, cerré los ojos un instante, tome un poco de aire e intenté una sonrisa mientras aquella lágrima solitaria se deslizaba…

-Tranquila- me dije –ya pasó.

Me entretuve mirando los paisajes a través de la ventana hasta que la lágrima se convirtió en esperanza. Yo sé que, en algún lugar que cada vez está más cerca, tú estás y no me esperas pero igual, quiero encontrarte aunque no sé que voy a decir en ese momento, no sé que voy a hacer, tengo miedo, sólo sé que quiero verte y llegar a ti…

¿Sabes mamá? Aún recuerdo esa mañana cuando te vi llegar y te encerraste en el cuarto, rebuscaste con prisa entre todas las cosas, llenaste como pudiste una maleta y por un momento te detuviste a mirarme... yo sabía que había un mensaje escondido en tu mirada, yo sabía que algo sucedía cuando te arrodillaste y me abrazaste con tanta fuerza, yo sabía que de alguna forma algo te estaba lastimando mientras llorabas y me decías cuanto me querías, yo sabía... que algo estaba sucediendo en ese momento dentro de ti... pero no lo entendí, no supe porque pedías perdón de esa forma ante mi, y me quedé ahí, sin saber que hacer, viéndote marchar simplemente, creyendo que todo estaría bien, porque mi mundo era perfecto cuando tú estabas... hasta ese día cuando tú quebraste mi mundo.

Desde ese día muchas veces me he preguntado ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me abandonaste? ¿Yo no fui suficiente para que me quieras? ¿Qué me faltó? ¿Tan poco me querías?

Esos días, los primeros después de que te fuiste, yo me quedaba en la puerta mirando hacia fuera, esperando mientras todos pasaban y se alejaban con el tiempo que se guardaba en mi memoria y la esperanza moría lentamente.

No sabes todo lo que pasó mientras te esperaba, estuve sola frente a todo lo que lo demás decían y yo, dentro de mi, no quería creer, quería negarlo todo, quería que aparecieras para callarlos, quería creer en ti, quería desaparecer sus voces, quería darte siempre esa oportunidad que nadie iba a darte…

Yo creía que ibas a aparecer en algún momento, que volverías como siempre lo hacías, creía que tú también me extrañabas y que vendrías a buscarme pero la puerta seguía abierta mientras la luz pasaba, la oscuridad pasaba, la gente pasaba, el tiempo... todo pasaba… y un día decidí cerrar todas las puertas, entendí que nunca vendrías por mi, comprendí que esa fue tu última mirada, esas fueron tus últimas palabras, ese fue tu último abrazo...

Entonces los días se volvieron grises, todas las cosas perdieron su encanto y no había momento en que no te extrañara, y así igual que ahora, cada vez que me perdía en algún lugar siempre miraba los rostros de la gente, siempre veía un poco más allá, la otra acera, la calle siguiente, las personas de los autos ¿Dónde estabas?

¿Qué hacías el día que papá se cansó de mirarme en silencio? ¿Dónde estabas el día que me culpó porque te fuiste? ¿Dónde estabas cuando dijo que no me querías, que nadie me querría y que por eso te fuiste? ¿Dónde estabas en ese momento? ¿Donde?

Me acostumbré a llorar a escondidas, no quería que nadie me viera, no quería mostrarme débil así que lloraba durante la noche, abrazándome a la soledad, perdiéndome en el silencio y poco a poco, cada día fue muriendo mi sonrisa hasta el día que no pude evitarlo más y me cubrió un cielo de tristeza cuando papá dijo que te habías ido porque yo no valía nada, que el amor que sentías por mi no era suficiente para mantenerte a mi lado y que seguro más feliz lejos de mi…

Me quedé helada frente a él ¿Fue mi culpa? Pensé, y por segunda vez sentí el frío de esa mirada que decía algo sin palabras, me invadió miedo de perderlo también y lo abracé diciéndole que no era cierto, pidiéndole perdón por no ser una buena persona, prometiéndole que sería mejor, intentando hacerle ver que no sabía que era lo que estaba mal en mí, pero él ya no reaccionó ante mí, estaba ahí, pero también estaba lejos de mí y así todos los que amaba comenzaron a alejarse aún estando a mi lado y en la soledad que me rodeaba cada vez más el silencio me preguntaba ¿Existe alguien que te ame de verdad?

lunes, 5 de octubre de 2009

Wait me... Adíos Ilusión


En todo el cielo, en medio de esta triste ocuridad que me hiere ahora,
una gaviota se desliza solitaria y a su paso el destino se dibuja como
un reflejo que se va perdiendo sobre el mar... ¿donde estás?
¿A donde llevan las huellas de la orilla?
¿A donde alumbra esta luna tan serena?
¿A donde va esa estrella que no me mira?
¿A donde lleva el viento esas nubes?
¿A donde viajas gaviota solitaria?
¿A donde te llevan esas alas o es que sola vas por el aire?
¿A donde están tus sueños?
¿A donde se va el ruido del mar que nunca se calla? ¿A quien canta?
¿A donde quieren ir las olas?
¿A donde se fue el sol?
¿A donde quiero ir?
Yo sé, mar, que tú me recibirás, me abrazarás fuerte y terminará tu espera, olvidaré todo ahí y mi camino se acabará.
Pero si decido irme ahora a buscar un nuevo camino, si me marcho ¿A donde iré? No conosco el final de este camino de huellas de Ilusión, tengo miedo de seguir los mismos pasos de alguien más. A veces la verdad oscurece todo.
¿Voy con ellas?
¿A donde? Lo siento mar, lo siento mundo, yo voy a caminar con mis propios pasos, crearé un nuevo camino a través de la orilla y si encuentro a alguien perdido le ayudaré también.
Gracias mar, siempre fue bueno conversar contigo
¿A cuantos humanos has conocido?
¿Me esperabas?
¿Tardé mucho?
Gracias
¿Querías jugar?
Yo también, pero sólo un momento mar, debo irme, tengo un camino que iniciar, siempre recordaré este momento, mientras el sol, el cielo, el mar, la luna, la arena, una gaviota y mi vida se despiden.
...
(Hay recuerdos que nunca voy a contar, tal vez algun día se pierdan de tu memoria y la mía, pero igual, mientras aún permanezcan quiero agradecerte... sé que no bastan mis palabras, mi intención, ni mi voluntad... lo sé...
¿Por qué estoy tan triste? ¿Por qué siguen bailando las olas? ¿Qué es lo que no entiendo? ¿Qué me falta conocer? ¿Qué es el amor? ¿Lo encontraré en este nuevo camino? No lo sé, debo irme)
...
¡Entonces es una promesa! ¡Volveré! ¡Jugaremos nuevamente! ¡Adios Ilusión! ¡Gracias!
...
Ahora yo también soy un ángel.

martes, 1 de septiembre de 2009

Lo siento...

Rayos, ¡No sé que hacer!,
bajas la mirada,
te alejas en silencio
y me dejas como un rompecabezas sin piezas.
¿Que hago? Dime
No conosco el precio de tu sonrisa,
no sé el límite de tus sueños,
no entiendo el nuevo color de tus ojos,
Lo siento... ya dije una vez
que hay cosas en este mundo que
no podemos controlar.
Yo no quiero controlar tu alegría,
si no quieres controlar esa tristeza
que no tiene sentido de ser, porque:
Eres el pequeño centro y corazón de mi universo de sueños,
y no sé que esperas para dispararme otra vez con esa sonrisa
que aniquila cualquier intento de huida.
Sonríe por favor... lo siento... es que sé que no me equivoqué.

viernes, 28 de agosto de 2009

Sólo un poco

Sorry lectores, por un tiempo, sólo por un tiempo, quiero alejarme de esto y quiero dejarles algo que he aprendido.
Puedo escribir hermosos pensamientos, pero vivir es más hermoso que pensar y voy a dedicarme a vivir un poco en estos días.
Gracias y vivan y escriban su vida, no con letras en una pantalla sino con decisiones en su realidad. La felicidad sólo se logra en la vida real, no entre sueños, no entre letras, que sean estas sólo herramientas, sólo reflejos.
¡VIVAN!
Nos vemos... o nos leemos muy pronto.

domingo, 2 de agosto de 2009

Llévame



En ese instante reviví los días lejanos, miré dentro de mi mismo y me asomé al pasado para sentirme otra vez tan miserable como antes por ser incapaz de detener la frustación de dejar escapar un sueño, la decepción de quedarse detenido mirando una estrella tan brillante y a la vez... tan lejana ¿Cuántos sueños nunca se cumplen?
Pensé ¿Cómo pude ser capaz de hacer que alguien crea que no debe soñar? ¿Por qué otra vez hice que alguien perdiera la fe? ¿Por qué no puedo detener esto?
Debo reconocer que William había elegido realizar el dibujo más difícil, el que llamo "Llévame", un dibujo donde aparece en la orilla del mar un joven elevando sus manos y su mirada al cielo mientras deja caer un par de alas negras sobre la arena, donde reposa la sombra de una ciudad que se resquebraja mientras nacen ojos desde la oscuridad, y en el cielo posterior, sobre el mar, hay cinco dibujos: "Sueños", el atardecer y "Promesas", de noche, a los extremos, seguido de dos rostros de mujer a ambos lados de la figura central que es el rostro de un varón.
Él había avanzado el dibujo durante varios días progresando de a poco y todos nos gustaba su avance. Yo estaba mostrando algunos trabajos ya terminados cuando cometió el error. William habñia pintado el rostro de la mujer que tiene la flor amarilla en el cabello sin borrar antes el lápiz y se había hecho una mancha plomiza.
-Borra esa mancha- le dije- delínealo, borras el lápiz y vuelves a pintar, vamos.
Seguí revisando a los demás y no sé, no tengo idea porque no vi en que momento, pero cuando me di cuenta él dejaba caer los pedazos de la hoja de su dibujo al tacho de basura ¿William que haces?... No había forma de detenerlo, los trozos del dibujo yacían entre la basura mientras él, con la cabeza baja y dándome la espalda alistaba silenciosamente su mochila para salir. Yo tenía el dibujo original (el que muestro arriba) en mis manos.
Este dibujo es como un reflejo de mi vida, en esos días, soy yo liberándome de esas alas negras frente a un pasado que me mira desde todas partes destruyéndose mientras observo en el cielo los recuerdos más hermosos de mis días lejanos: "Sueños" y "Promesas". A veces cuando el dolor me alcanza quisiera escapar al pasado, a esos días tan llenos de fe y esperanza, a esa tarde o a esa noche, a esos momentos inolvidables entre sueños y promesas que no se cumplieron. Por eso se llama "Llévame", a veces siento que quisiera volver, talvez haría todo diferente.
Ese dibujo había provocado esto ¿Es acaso un sueño imposible para un niño? ¿Qué se siente al darse cuenta que no tienes la fuerza suficiente para llegar a la meta y aún falta mucho? ¿Qué haces con las palabras de los que te alientan? ¿Qué haces con la fe de los que creen en ti? ¿Qué haces con tus sueños? ¿Qué haces con tus promesas? ¿Qué haces?...
No..
No podía hacerlo otra vez, no podía dejar que caigan sus alas también, si quieres soñar entonces sueña, cierra los ojos y acaricia el cielo. Es cierto, a veces no podemos alcanzar la estrella que buscamos, pero si creiste en ti y volaste alto hasta tus límites, siéntete parte del cielo, mírate a ti mismo y podrás convertirte en una estrella también... no temas a la oscuridad de la noche, si enciendes tu luz interior, si crees en ti revivirá esa fe y lograrás brillar, así que cree en ti y brilla para todos... brilla.
Maldita sea, yo tenía el dibujo original en mis manos y no quería entregarlo a ninguno por miedo a que no lo cuiden, pero irónicamente lo llamé: "Llévame" y si no sirve para inspirar a alguien a creer en si mismo entonces mi oscuridad, mi pasado, mis alas caidas, mis recuerdos, mis sueños, mis promesas, mis días lejanos, mis colores, mis dibujos, mi reflejo y mis ganas de escapar al pasado... ¿para que sirven?
¿Qué soy o qué quiero ser? ¿una barrera o un impulso? ¿una lágrima o una sonrisa? ¿una decepción o una oportunidad? ¿qué es mejor: crear o destruir?
Fue como una regresión: Sueños y promesas ante mí ¿que hago?
-Llevatelo- le dije- hazlo en tu casa, inténtalo de nuevo hasta que lo logres- y le entregué el dibujo para que sirva de algo.
Así William destrozóo el significado y la historia de un dibujo dándole un nuevo significado y una historia: "Llévame y recuerdame... nunca te rindas"
Recogí de la basura los pedazos del dibujo, los ordené, los pegué sobre otra cartulina, borré el error y terminé de pintarlo, porque sólo faltaba pintar la arena, un poco del mar y el rostro de la mujer que tiene la flor amarilla en el cabello. Lo terminé pero no me sentí bien hasta escribir todo esto.

Gracias.

viernes, 31 de julio de 2009

Wait me... la historia que no puedo contar

Esta es la historia que no quiero olvidar pero que no puedo contar

"Eres la bruja del mal más linda y tierna del espejo hablador
y has de saber que a tu conjuro respondo con una flor"

Ilusión, como podría olvidar ese nombre ¿de verdad te llamas así? Le pregunté, una dulce aprendiz de bruja, una torpe y divertida joven implicada en asuntos de la magia, incapaz de controlar sus propias habilidades pero dueña de la sonrisa triste más hermosa que he conocido en mi corta pero últimamente intensa vida.

Mi nombre es Lud -le dije -también soy aprendiz, investigación de habilidades ocultas, no te puedo decir más.

Era el día 24 del segundo mes del calendario lunar y había terminado la conferencia de magia, salimos rodeados de magos, hechiceros, brujas, almas, ángeles, centauros, medusas, grifos, pegasos, ogros, elfos, hobbitts y todo tipo de criaturas que nos hacían sentir que de alguna forma éramos los más débiles del lugar, los más simplemente humanos.

-Quiero escapar de aquí –me dijo.

-Vamos al mar -respondí –estamos cerca y sé como llegar.

Y así, recorrimos sin prisa las calles, plazas y parques mirando a los mimos danzar con sus movimientos elegantes, a la gente en los monociclos avanzando y retrocediendo sin ritmo, a los que llevan caras tristes como viejas máscaras sobre su rostro verdadero, a los vendedores y charlatanes, a los que ofrecen pinturas muertas de paisajes vivos, a los que venden libros que hablan sin voz y a los que juegan con grandes llamaradas de fuego. Era extraño, íbamos sin prisa pero queríamos llegar a ese destino que nos esperaba en el mar.

-¿Sabes levitar?- pregunté.

-Aún no he aprendido -

-¿Y como vas a bajar? -

-¿Adonde? -

-Al mar, estamos en un acantilado, debemos descender -

La visión del mar dominaba el horizonte como un camino hacia el infinito, caminábamos por el borde del precipicio mirándolo a lo lejos y parecía un gigantesco niño dormido, su respiración era lenta, tan tierna como si hubiera sido conquistado por la paz, el suave vaivén de las olas era lo más rítmico y triste del lugar después de su sonrisa.

Ilusión se quedo detenida por un momento… había un extraño ser con las manos en posición de rezo arrodillado en el borde de aquel abismo ¿Qué va a hacer este loco? Pregunté y de pronto aquel extraño abrió los brazos, dirigió su mirada hacia el cielo, sucedió un destello en su cuerpo y un par de grandes alas blancas adornadas de estrellas se desplegaron en su espalda, era un ángel que se lanzó hacia el cielo y se alzó por encima de la ciudad recorriendo el viento con una libertad y una fuerza increíble. Era un ángel y yo no lo había notado.

Ella lo contemplaba navegando por el cielo y en su mirada reposaba un deseo y una promesa, un anhelo tan nítido ante mis ojos.

-¿Quieres volar verdad? –pregunté.

-Aún no se levitar y a veces me tropiezo caminando- respondió con una sonrisa tímida

-¿Quieres volar? – insistí

-Si, y voy a aprender a hacerlo, el día que lo logre ¿saltarías conmigo al precipicio? – sonrío aún más, mirándome.

-Creo que no tengo más posibilidades que tú para convertirme en ángel pero talvez lo intentaría y sí, saltaría contigo, supongo que dominaré mejor la levitación pero si me pasa algo tú vas a devolverle el alma a mi cuerpo ¿sabes hacer eso verdad?

No recuerdo si le dije que se vería celestial con un par de alas de ángel adornando su belleza y su sonrisa. Talvez no, pero ese día fue la primera promesa, nos convertiríamos en ángeles aunque sea sólo una vez para recorrer el cielo y ser libres.

Seguíamos avanzando mientras contemplábamos el mar y encontramos una vieja escalera que yacía dormida sobre el suelo. Ilusión me entregó su bolsa y sus sandalias y descendió descalza mientras yo bajaba levitando poco a poco. Era un juego hermoso, como dos estrellas que se encuentran y comienzan a girar y a recorrer lentamente la oscuridad del universo. A mitad del camino encontramos un campo muerto lleno de palabras y frases escritas con piedras, había muchas promesas de amor, muchos nombres mirando hacia el cielo y le pedí que escribiera algo, lo que sea que ella desee y aunque no estuvo segura al inicio, ingresó y comenzó a juntar sus piedras, llevándolas de un lado a otro, acomodándolas, jugando… Desde ese momento yo la estaba cuidando… mientras ella jugaba con las piedras a dejarle un mensaje al cielo y al mar… mientras me conquistaba su ternura… Era un ángel y yo no lo había notado.

jueves, 30 de julio de 2009

Primera historia

Recuerdo que, desprevenido llegué a aquel blanco salón de juegos juveniles y la vi: como un homenaje a la belleza, una Venus moderna y agresiva, cuestionante e impulsiva que me mandó a un lugar al cual no acostumbro ir, por no ayudarle a contestar las preguntas del examen. Rayos, no era mi obligación y además no sabía la respuesta.

Recuerdo que esa misma tarde, la descubrí en el autobús, con sus ojos obsesionados en la lectura, no me acerqué, sólo la observé. Al bajarse, me senté en el lugar que ella dejaba y había escrito en el respaldar del asiento delantero un mensaje: "Sorry, no fue tu culpa, voy a estudiar para la próxima vez" Me levanté como pude para verla, buscando por todos los horizontes posibles y no estaba más.

El autobús se alejó y las nubes, el atardecer, los edificios sombríos, la perspectiva y sus letras acompañaron mis pensamientos hacia "California" mientras en el inmenso mural celeste todos los colores se combinaban con las estrellas como un graffiti hacia el infinito.

Recuerdo que, luego conversamos para ayudarnos a estudiar, fue una cosa nueva, rara y divertida. Así cada atardecer cuando el sol y el cielo se perdían en miles y miles de colores, aquellas grafías y símbolos de nuestros libros y cuadernos eran tema de debate, discusión, risa e incluso asombro. Descubrí tantas cosas con ella, las sombrías y opacas tardes podían ser bellas y llenas de color, de vida.

Recuerdo como nos gustaban las baladas de Westlife y las canciones de Linkin Park o Limp Bizkit, era genial. Aún no entiendo como es que no le gustaba el Chocman, por Dios. Su actor favorito: Leo Di Caprio, su película: Romeo y Julieta, su lenguaje: la sonrisa.

Afuera, el mundo sucumbía en colores, formas, sueños, promesas y recuerdos… y de a pocos fui perdiendo mi verdad, pero ¿Cual era mi verdad? ¿Había una? Talvez no debí saltar la cerca, porque me equivoqué y aún recuerdo su preocupación, su insistencia y su decepción. Está bien, lo confieso, ella llamó para que me recojan, porque esa noche sólo sé que se multiplicaron las figuras por cien y no recuerdo más. Luego cada uno contó una versión peor, que nadé en un mar de copas, que hice el espectáculo de la fiesta, que no escuché razones, que mi viejo me sacó de ahí a la fuerza, que hablé tonterías, y vomité ¡wow! La única versión más o menos divertida fue la que ella me contó durante dos horas de resaca maldita. Nunca antes me había disculpado tanto.

Fuimos a "California" para su cumpleaños, recorrí con su nombre una pared, descubriendo miles de formas y colores diferentes y así quedo para siempre en mi recuerdo esa palabra tan hermosa con la que hasta hoy la llamo: Sam. Fue uno de los momentos más intensos de mi vida, estar ahí con ella, pintar un graffiti frente al mar por la tarde, fue como una realización, me sentí feliz, hay sonrisas que son inevitables.

Recuerdo que me enteré, hay despedidas inevitables pensé, íbamos a pintar el mural del concierto de música cristiana que ofrecía la promo para recaudar fondos. Ella llegó temprano, estábamos listos y comenzamos a pintar en silencio, recordando nuestros "viejos éxitos": El gato del papelógrafo, el logo de la promo, las letras de las paredes, el concurso de la primavera, demonios… fueron tantas cosas. Si voy a irme, dijo sonriendo, quiero recordar lo más hermoso.

Y recordó aquella divertida vez en que los pinceles pasaron del mural a nuestros rostros, ese día quedamos hechos como unos murales humanos, muy divertidos por cierto, de esos que no hay en "California" Reímos tanto ese día, fue hermoso.

De pronto los pensamientos y recuerdos se callaron, el viento acariciaba las hojas secas del otoño, nuestras manos habían coincidido en una línea… hay destinos que son inevitables, como el de las hojas que se dejan llevar por el viento, y se juntaron las miradas, las manos, los colores, los pensamientos… y el corazón, entonces, sólo entonces la amé, la amé en los labios, en el mundo, en el universo y en la eternidad, suave, muy suave y lentamente.

Luis Vara
Escrito originalmente en el año 2002.
Shakira – Underneath your clothes (2002)
Dishwalla – Mad Life (2009)

Huida

Esa noche estaba destrozado, no podía creer lo que acababa de vivir, no estaba en casa, refugiado en la calle, víctima de todos ahí, sin rumbo, permanecí en la oscuridad intentando comprender con la impotencia de mi mente aun inocente las razones de la barbarie que había vivido y nadie, nadie se acercó a ayudar.

¡No voy a volver! ¡No voy a volver! me prometí a mi mismo tantas veces, no recuerdo haber llorado tanto como esa noche, nunca más, me abracé a mi mismo con tanta fuerza intentando encontrar ese amor que faltaba dentro de mi y creo que lo encontré porque la fuerza que me impulsó a salir de ahí aún mueve mis pasos, talvez aún tengo miedo y sigo huyendo pero estoy vivo y esa es una oportunidad para ser feliz, así que esta es mi historia.

Esa noche hacía la tarea con mamá, ya era algo tarde, debí quedarme dormido pero estaba atrasado y poniéndome al día se pasó el tiempo, papá llegó borracho, caminaba desorientado, sus ojos no sabían a donde mirar, apestaba horrible y estaba todo desarreglado, igual que el amigo que lo acompañaba. Se detuvo a mi costado mirándome como si fuera un desconocido, "hijito mió" dijo, me dio un beso en la frente y se fue al sillón a seguir tomando con su amigo.

-¡Mujer! -vociferó, mientras mamá le atendía inmediatamente- deja ese mocoso y ven con tu marido. Mamá se acercó y él con un gesto le pidió que se sentará en sus piernas, le dijo algo al oído, se notaba que ella tampoco soportaba su aliento pero no decía nada, se levantó y se fue hacía la cocina, no estaba contenta, ambos teníamos miedo. Quería seguir haciendo la tarea pero no podía y no me di cuenta que me había quedado mirándolos.

-¿Que me miras?- gritó, yo volteé hacia la mesa rápidamente- ese es mi hijo carajo, va a ser un machazo como su padre, le van a llover las mujeres, ay carajo que se cuiden las faldas ¿verdad hijo? - yo lo miré intentando una sonrisa, la respuesta que quería era obvia así que moví la cabeza afirmativamente y volví al cuaderno, no recuerdo que quería escribir pero ya no podía hacerlo, estaban hablando de mí, siempre hablaba de mi con sus amigos, que yo iba a ser como él, un machazo como ninguno y todos me admirarían y envidiarían, iría a muchas fiestas, tomaría incluso más que él, me amanecería y despertaría en la cama de la mujer de un amigo, siempre se reían de eso. Cuando me di cuenta había rayado el cuaderno con el lápiz, no se porque tuve tanto miedo de esa línea que se dibujó, intente borrarla pero me desesperé por hacerlo y terminé rompiendo la hoja. Estaba temblando frente al cuaderno, sólo quería ocultar mi error pero el miedo me estaba dominando, una lágrima traicionera se deslizó por mi mejilla, ya no había forma de ocultarlo, me eché sobre la mesa e intenté contener el llanto apretando los dientes y los puños, y lo conseguí.

-¿Que pasa hijo?- preguntó al darse cuenta, fingí un bostezo y sobándome los ojos respondí que tenía sueño, cerré el cuaderno y me dirigía a mi cuarto cuando habló.

-Hijo, ¿cuantos años tienes? ¿ocho verdad?- afirmé con la cabeza -pues ya eres todo un hombre hijo,- aún recuerdo su sonrisa de ese momento, aún no la puedo borrar.

-Acércate- ordenó mientras servía un vaso de cerveza hasta el tope, el liquido se agitaba al caer, golpeando desesperado y subiendo por las paredes como queriendo escapar, como el miedo dentro de mi. Recibí con ambas manos el vaso, sabía que no podía negarme y él esperaba atentamente: sus ojos fijos, sus manos quietas, su boca entreabierta, me observaba, yo era su espectáculo. Cerré los ojos, sentí ese olor e intenté beber un sorbo, ya tenía el vaso en los labios cuando me lo quitaron, era mamá, se tomó la cerveza de un sorbo, hizo un gesto de asco, sacudió el vaso y se lo devolvió. Comprendí que intentaba salvarme así que di media vuelta y quise ir a mi cuarto, pero él me llamó:

-Hijo, ven acá- volteé y era obvio, el estaba molesto sirviendo otro vaso mientras se ponía de pie, ella no sabía que decidir y el amigo dormía en el sillón como un perro de la calle.

-Hijo ven- repitió, no me moví y mamá no esperó, lo abrazó cariñosamente besándole en la mejilla, intentando detenerlo pero él siguió avanzando hasta mi y ofreció el vaso sonriendo nuevamente -vamos hijito tu puedes, coge el vaso.

-Amor por favor, déjalo que se vaya a dormir, tiene clases mañana ¿como va a ir?, además aquí nos va a molestar, mejor nos quedamos solos, amor por favor- suplicó mamá.

-Está bien, pero sólo uno, un vasito, por Dios, ya es todo un hombre y tiene que aprender de su padre pues ¿si no es ahora cuando? sino crecen y salen maricas o huevones y después nadie los respeta ¡y a mi hijo lo van a respetar carajo!
¿entiendes? vamos hijito coge el vaso, sólo este y te vas a dormir ¿si? tu puedes- suplicó posando el vaso sobre mis labios,
tenía que tomarlo, no había opción, fue asqueroso, obsceno, pero lo logré, no quería que se moleste con mamá y le pegue como siempre, así que tomé el vaso por mi cuenta y fui valiente porque lo levanté hasta terminar todo y me sentí feliz de haber salvado a mamá siquiera por esa noche. Tenía esa esperanza.

Entré a mi cuarto y me eché en la cama, me dolía la cabeza y sentía que me caía a pesar de estar recostado, bastaba un
segundo de calma para sentir que mi cuerpo iba hacia un abismo y me movía, me acomodaba buscando una posición, una situación en la que me sienta seguro pero no la encontraba, no podía salir de mi mismo. El líquido, la cerveza estaba dentro de mi, era yo el que estaba mal, no el mundo exterior y todo se removía como un temblor interminable que me rodeaba y me perseguía aún con los ojos cerrados, aún apretando los dientes, aún debajo de la almohada.

De pronto, unos gritos rompieron el silencio de la oscuridad, otra vez estaban discutiendo, mi sacrificio no había servido de nada ¡estúpidos! estúpidos, era obvio que su destino era destruirse, par de ciegos.

-¿Papá...? ¿mamá...? -le pregunté a la oscuridad que me rodeaba y los gritos se incrementaban tragando mis palabras, podía oír golpes, llanto, súplicas, tenía que hacer algo pero ¿como? me caí de la cama, estaba asustado, mis pasos se resbalaban, iba de un lado a otro, sabía donde estaba la puerta pero el camino recto se convirtió en un laberinto ante mis ojos, me apoyé en la pared y avancé por raciocinio, por desesperación, salí a la sala y estaba el amigo de mi papá sentado sirviéndose un trago.

-Esto pasa cuando las mujeres son unas zorras como tu madre- dijo cuando me vio y siguió tomando, yo estaba apoyado en la pared y avancé como pude agarrándome de lo que encontré en el camino hasta llegar a su cuarto.

La puerta estaba abierta. Me quedé detenido ahí. No pude reaccionar.

-¿Ya ves?- dijo el tipo del sillón entre risas- eso pasa cuando no se portan bien. Mamá ya no gritaba, no decía nada, no se
movía, no se defendía, pero él no se detenía, seguía golpeando su cuerpo, como un salvaje, como un animal, como una bestia sedienta de sangre frente a un saco de órganos sin vida. Una lágrima solitaria se deslizaba por mi mejilla.

-¿Mamá?- pregunté tímidamente temiendo lo peor, fue una voz leve, recuerdo que, creo que ni siquiera moví los labios, pero él me escucho y volteó, había algo en sus ojos que no había visto antes pero entendí que la siguiente victima era yo. Cogió una botella vacía y con toda su fuerza la lanzó hacia mí.

-¡No llores maricón!- gritó y la botella explotó en la esquina de la puerta.

Entonces hubo una voz, una última palabra, un deseo que no olvido, una orden que hasta hoy obedezco, la ley que ha marcado mi vida. Él se acercaba y mamá, desde el suelo, con sus últimas fuerzas gritó: ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre!

Fue lo único que me hizo reaccionar. Cuando tu corazón está tan lleno de rabia, miedo, dolor y confusión a veces es mejor huir así que apreté mis puños, me di vuelta y salí corriendo como pude, corrí por la calle, corrí sin rumbo, sin esperanza, sabiendo que estaba perdido y que cada vez me perdía más pero no me detuve. Vi luces, gente, autos, líneas, postes, tiendas, veredas, pistas y su voz no se iba de mi mente ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! para siempre, lejos de todo esto, lejos de mi.

Corre a donde no sientas miedo, a donde te reciban con amor y te brinden esperanza. Corre, busca, encuéntrate a ti mismo, olvida y si vas a recordar lo malo, que sirva para enseñar a los demás a alejarse del sufrimiento…

Y así llegué hasta donde ustedes me encontraron esa mañana, sin fuerzas, con la cabeza y las piernas adoloridas. Aún estaba llorando.

Mamá, perdóname porque todavía estoy huyendo, me siento débil, soy un cobarde y tengo miedo de volver y enterarme que pasó. Tengo miedo y sé que por haber huido cada día estoy más lejos de ti y quisiera que pudieras leer esto para que sepas que de verdad estoy bien, que pude escapar y mi vida cambió… espero que lo sepas, que alguien te haga llegar este mensaje por favor.

Perdóname por no volver para saber de ti… te extraño ¿sabes? A veces me detengo en la calle y pienso volver y no sé, me quedo como en ese momento ante la puerta, el tiempo pasa simplemente, tu recuerdo permanece en mi mirada, escucho tus palabras… y una lágrima se desliza por mi mejilla… han sido tantas mamá, que no sé si este dolor tiene fin.

Entiendo que fue nuestra decisión que yo me alejara, sé que fue lo correcto ¿Qué habría pasado si no me movía? ¿Qué habría pasado si me quedaba? Me salvaste la noche que no pude salvarte y la libertad que me regalaste en esas palabras, te juro que la he llevado dignamente, no la desperdicié, la abracé a mi alma con todas mis fuerzas y voy a brindarla a otras personas.

Mamá, me liberaste del dolor y siento que aún me proteges. Gracias.

Espero que tú también hayas huido. ¡Corre mamá! Aunque nunca nos encontremos ¡Corre por favor! ¡No te quedes! ¡Vive!
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"A todos aquellos que huyeron y a los que se quedaron a luchar para que huyan otros. A todos, para que encuentren la fuerza necesaria para oponerse a los que dañan a quienes amamos"
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Luis Vara.
Korn – "Somebody Someone"
Mar de Copas - "Huida"
Dishwalla – "Mad Life"